
Sólo se plantea la donación cuando ya está establecido el diagnóstico de muerte encefálica (“muerte cerebral”), una vez se han realizado todos los esfuerzos posibles para salvar la vida de una persona y aún así ha fallecido.
Ésa es la labor de la Medicina: salvar vidas, de ahí que sólo cuando se ha hecho el diagnóstico de muerte cerebral se valora la donación para poder ayudar a otras personas que lo necesitan y, que sin un trasplante, morirían.