
La donación y la extracción de órganos sólo se plantean cuando se establece el diagnóstico de muerte encefálica (“muerte cerebral”).
Ese diagnóstico se hace en base a una serie de pruebas y protocolos que están establecidos por el consenso de expertos y sociedades internacionales; y que determinan que no existe actividad cerebral alguna. Además, en ese proceso de diagnóstico intervienen varios médicos, no uno solo, y todos ajenos al equipo de coordinación de trasplantes.